Voces silenciadas, el libro

Fundación Tres Culturas

Gracias a la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo por apostar por este libro

Voces Silenciadas se acerca a las personas con nombre y apellido, a las historias de vidas personales, anónimas por necesidad pero no resignadas. Personas combativas en su lucha, casi siempre vinculada a combatir la discriminación o la violación de los derechos humanos. Activistas que no buscan ser mediáticos o los portavoces de la causa que defienden pero la mantienen viva gracias a su defensa constante. En algunos casos, pueden ser Voces Silenciadas que caminen solas en su reivindicación, o bien se hayan unido a alguna asociación o movimiento que defienda sus mismos intereses. En otros, sin embargo, no son conscientes de ser Voces Silenciadas porque su lucha es diaria y se ha convertida en la rutina de sus vidas. Si no existieran personas que llevan incorporada esta resistencia natural en defensa de los derechos humanos o de su identidad a lo largo de los años, probablemente se hubieran perdido muchos de estos derechos o culturas acechadas y perseguidas durante décadas. Pero el tiempo también ha pasado factura a otros activistas cuyas voces fueron sistemáticamente silenciadas en el pasado y ya no cuentan con representantes vivos de su lucha. En esos casos es importante la recuperación de la memoria y hacer de ella un factor de identidad social a partir del reconocimiento público de los errores del pasado y de la reafirmación de los valores y convicciones que deben sustentar una sociedad democrática. Porque detrás de una voz efectivamente silenciada, siempre hay un interés bien sea político, económico o social que tiene los recursos suficientes, a veces coercitivos, para silenciar a los disidentes.

Históricamente se ha menospreciado el valor del silencio, obligado casi siempre, que, en muchos casos, se ha convertido en un arma letal para los criminales de los derechos humanos. Porque quienes sufren ese silencio buscan estrategias para no hacer ruido y continuar con su defensa de las causas justas. Incluso, con más vigor y determinación por ser Voces Silenciadas pero convencidas de la necesidad de actuar callando.

En este libro Voces Silenciadas, les vamos a dedicar tiempo a cada uno de los protagonistas de su censura particular para que de forma pausada, intimista y sosegada, nos hagan partícipes de su razón de vida. Son constructores de paz que han defendido unos valores éticos, justos, democráticos y muy dignos pero que no eran o no son actualmente aceptados por la sociedad o gran parte de ella, ni por los gobernantes del momento, o que todavía son política o económicamente impopulares. Pero necesitan de una voz que los reivindique aunque vayan a contracorriente y ello conlleve la censura o la amenaza más o menos declarada, evidente o manifiesta, por parte de sus oponentes. Pero todos ellos coinciden en que “otro mundo es posible” y juegan esa partida activamente a pesar del riesgo que ello conlleva en la mayoría de los casos. Son activistas de los derechos humanos que han sufrido la ausencia de los mismos como víctimas directas o han vivido de cerca situaciones insostenibles que, moralmente, les han obligado a actuar. Son los trasmisores de valores democráticos en sociedades coartadas y amputadas de los derechos humanos fundamentales.

No es casual que muchos de los protagonistas de Voces Silenciadas sean mujeres porque en situaciones discriminatorias, siempre han sido y siguen siendo las que más sufren. Habitualmente son las víctimas mayoritarias y prioritarias de todos los tipos de violencia. Una violencia ejercida sobre las mujeres que se generaliza y se exacerba en situaciones de guerra o de penuria porque tienen la facultad de ser madres, de engendrar nuevos guerrilleros o militantes pacifistas de una u otra causa. Son las invisibles, a menudo acalladas por quienes ejercen la fuerza y el control, habitualmente en manos masculinas. Pero existe una visión femenina de la cultura de la paz que muchas mujeres ponen en práctica a diario en todo el mundo y recojo en diferentes testimonios en este libro. Cada mujer la aplica a su lucha personal, en un entorno específico, pero todas comparten una misma visión pacífica y efectiva en su activismo por los derechos humanos.

Se trata de historias de vida de hombres y mujeres que tienen que sortear y superar las piedras que la sociedad les pone en su camino. Personas que reclaman su derecho a la diferencia y a ser libres como seres humanos, independientemente del rumbo que lleve mayoritariamente una sociedad que les rodea pero no les respeta. Vidas de hombres y mujeres que se cuentan en positivo, desde una posición activa de quien no ve pasar la vida sino que participa de ella, porque son este tipo de personas las que nos pueden enfrentar con los problemas que se han ido encontrando en su trayectoria personal y con los que, todavía hoy, se van encontrando.
Personas que tienen la fuerza, la capacidad, para superar las trabas. Personas que se crecen ante las dificultades y saben cómo sortear los problemas, buscar alternativas o relativizarlas para poder seguir adelante. Su actitud de superación constante, les convierte en pequeños héroes anónimos que van abriendo camino o despejándolo de piedras a otras personas con sus mismas dificultades o similares pero que, tal vez, no tienen la predisposición, valentía, seguridad o fortaleza personal y psicológica para luchar por lo que creen, reclaman, defienden. Sin embargo, son cómplices de éstos activistas por los derechos humanos que luchan desde su pequeño podio pero siempre rodeados de enemigos de su causa que les hacen la vida imposible. Les amenazan o les infaman para desprestigiarles como personas, como activistas de los derechos humanos. Muchas de las Voces Silenciadas que aparecen en este libro sufren amenazas, incluso de muerte, por defender a capa y espada, con determinación e inteligencia que los asesinos de mujeres en Guatemala vayan a la cárcel y no queden impunes, por reclamar el reconocimiento de una cultura y de un pueblo como el armenio en Turquía al que se le niega haber sido víctima de un genocidio o por ser un activista bereber en un país como Argelia que obliga a elegir entre exilio o muerte a quien utiliza la palabra como herramienta para reivindicar los derechos de un pueblo castigado y perseguido. Otras han de convivir con el acoso diario de sus vecinos por promover el diálogo con los supuestos enemigos como es el caso de las mujeres pacifistas israelíes o palestinas consideradas unas parias por su propia comunidad, mientras que la vida de los saharauis, hoy apátridas, pasa por no callar y luchar por el reconocimiento de su país a pesar de la resignación y frustración de tantos años de batalla sin frutos.
También hay voces que son silenciadas porque venden más los cuentos de hadas que llegan a oídos de algunos que la experiencia vivida en primera persona. Este es el caso de joven inmigrante senegalés que vio morir a su hermano en sus brazos mientras intentaba llegar a España a bordo de un cayuco y ahora intenta que sus vecinos no tienten a la muerte y busquen alternativas en su tierra. O el de una madre que perdió a su único hijo en el océano en busca de una vida mejor que jamás llegó a conocer.
Éstas son algunas de las Voces Silenciadas de nuestro presente que llevan años abonando la tierra para que el día de mañana nuestros hijos puedan disfrutar de un mundo más justo y humano. Pero como esta vida es una cadena en la que unos cimientan sobre lo que otros ya construyeron, resulta imprescindible homenajear a algunas de las Voces Silenciadas del pasado que, ahora ya desde la retaguardia, siguen poniendo su granito de arena. Voces, al principio, clandestinas que lucharon por los derechos de los trabajadores durante el ‘tardofranquismo’, cumpliendo incluso penas de cárcel y poniendo en peligro hasta la familia por unos ideales que hoy son el pilar de una sociedad democrática como la nuestra o mujeres gitanas, hoy ancianas, muy respetadas por su pueblo, que libraron una auténtica batalla silenciosa desde dentro para que la mujeres sean más valoradas, o payos y gitanos convivamos y nos respetemos mutuamente. No faltan tampoco aquellas voces que se jugaron la vida por un país que no era el suyo, en pos de la democracia. Este es el testimonio de un brigadista austriaco, ídolo de los españoles en un campo de concentración. O la voz de una anciana sefardí cuyo único delito fue ser judía y hablar ladino, lengua que todavía mantiene viva y defiende con pasión.

Todas ellas son luchas desinteresadas, limpias y trasparentes que no esperan una recompensa más allá de la satisfacción personal o la de esforzarse por que las futuras generaciones gocen de lo que ellos no tuvieron y echaron de menos. Por eso merecen ser escuchadas y leídas con atención. Dejar que esas voces hablen, griten, ríen o lloren y salgan de su anonimato desde la humildad de sus luchas, batallas ganadas, perdidas o pendientes. Romper con el silencio, a veces impuesto a la fuerza o sutilmente inducido con todo tipo de maniobras, es el objetivo de devolverles la voz. El valor de la palabra es universal y no tiene fronteras. Las palabras pueden matar pero también le pueden devolver el aliento a quienes se las quitaron.

Invitar a esas historias a ser leídas, escuchadas, sentidas es abrir ventanas a otras realidades que nos rodean pero no tenemos presentes. El desconocimiento produce desconfianza y reacciones compulsivas, meditadas incluso, e inesperadas, injustas en demasiadas ocasiones. Descubrir para reconocer y poder valorar esas otras realidades junto a sus protagonistas. Reflexionar sobre el valor de las palabras, de las acciones, de los posicionamientos personales en la vida de cada uno y las razones que se esconden detrás. Entonces podrá surgir o no la complicidad con cada protagonista o con su realidad pero tendremos las herramientas para ser justos con ellos y con nosotros mismos.

Me decía un amigo periodista que “escuchar a una de esas Voces Silenciadas es ganar a una persona para la causa” y ésta es la mayor recompensa a mi trabajo. Es mi manera de dar las gracias a todas estas personas porque consecuencia de su activismo, de sus luchas y pesadillas, yo vivo en un mundo un poco mejor que el que ellos conocieron. Se trata de aplicar el lema “actúa local y piensa global”. Creo en el efecto domino, en el boca a boca, en la fuerza de cada una de esas personas ganadas a una causa, por lo menos a una de las que doy a conocer en este libro. Arundhati Roy titulaba un libro suyo como “El Dios de Las Pequeñas Cosas”, por qué no el reconocimiento a estos dioses de las pequeñas (grandes) acciones humanitarias.
Este libro, como su título indica, tiene su origen en un espacio de radio, Voces Silenciadas, que dirigí en Radio Nacional de España. Se emitía cada semana por las noches a nivel nacional y consistía en entrevistas a diferentes Voces Silenciadas contextualizadas. Activistas de los derechos humanos cuyas historias se enmarcan en su contexto histórico, social y político a partir de archivos sonoros de archivo y entrevistas realizadas en profundidad. Voces Silenciadas ganó el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en su XXIV edición en la categoría de radio. Posteriormente, muchas Voces Silenciadas han encontrado un espacio para romper el silencio en esta edición que se ha llevado a cabo gracias a la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo y a Enrique Ojeda, su anterior director, a quien agradezco enormemente esta oportunidad. Con excepción de dos entrevistas que aparecen en el libro y que pertenecen a dos programas de la radio, el resto las he realizado expresamente para este libro con el que pretendo homenajear a cada uno de sus protagonistas. Hombres y mujeres a los que admiro por su coraje, valentía y coherencia en la defensa de unos ideales que también comparto.
A la finalización de cada capítulo, se han añadido unas observaciones desde la perspectiva de los derechos humanos y del derecho internacional que ha escrito Pablo Gutiérrez Vega, Profesor de Historia del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

Índice de las entrevistas

Norma Cruz se juega la vida a diario para que los asesinatos de mujeres en Guatemala no queden impunes, sus asesinos vayan a la cárcel y cumplan las condenas íntegras. En junio del 2005 Norma Cruz es oficialmente nominada para el Premio Nóbel de la Paz dentro de la campaña “Mil mujeres por un Premio Nobel de la Paz”.

Raquel Dink es la viuda del periodista armenio, Hrant Dink, asesinado en Estambul por plantear el debate público sobre temas como el genocidio de su pueblo en el semanario Agos que dirigía. Ahora Raquel y toda su familia continúan con la lucha de su marido.

Gila Svirsky es una pacifista israelí que cofundó Las Mujeres de Negro en Israel, Bat Shalom y formó parte del Enlace Jerusalén con mujeres palestinas. Actualmente, es la presidenta de B’Tselem, la mayor organización de derechos humanos israelí de los territorios ocupados. Intenta que sus compatriotas dejen de ver a los palestinos como sus enemigos.

Mariam Ikermawi, pacifista palestina, directora del Jerusalem Center for Women de Jerusalem que también participó del Enlace Jerusalem con mujeres israelíes. Se niega a ser una ciudadana de segunda clase en su propio país y reclama dignidad y justicia para los palestinos.

Yaye Bayam perdió a su hijo en el océano cuando el cayuco naufragó. Tras el duelo, fundó la Asociación Viudas de los Cayucos en Senegal con el fin de dar una alternativa a las mujeres y a los jóvenes de este país.

Cheik Faye es un joven que senegalés que lucha para que los jóvenes no hagan la travesía del infierno en cayuco. El se salvó en su último intento pero su hermano murió en sus brazos.

Salem Zenia es un escritor y periodista bereber que se tuvo que exiliar por utilizar la palabra como herramienta reivindicativa de su idioma y de su cultura.

Aminetu o “Chekruda” es una mujer saharaui que vive entre España y el desierto argelino dónde está su campamento con la esperanza de volver algún día a vivir en las tierras que le vieron nacer. Esta entrevista está extraída de uno de los capítulos del programa de radio: Voces Silenciadas, que da nombre a este libro.

Hans Landauer fue un brigadista internacional que con 16 años luchó por la democracia en España. Una lucha que pagó con cárcel y unos años en un campo de concentración.

Rachel Parrente es una mujer sefardí que pasó por un campo de concentración nazi y todavía defiende el ladino.

Eduardo Saborido es una de las personas imputadas en el Proceso 1001 que pasó 5 años en la cárcel por pertenecer y fomentar el sindicalismo obrero desde CCOO. Líder sindical reconocido en Andalucía que fue una voz silenciada durante el ‘tardofranquismo’.

La Tía Emilia es una anciana gitana que ha vivido la evolución de las mujeres dentro de su pueblo. Esta entrevista está extraída de uno de los capítulos del programa de radio: Voces Silenciadas.